Clubes de barrio: el fútbol como escuela de valores y contención para las infancias

Lejos de ser solo espacios para la práctica deportiva, los clubes de barrio cumplen un papel clave en la formación de niños, niñas y adolescentes. Desde Medrano, Gustavo Pronotto, coordinador de fútbol del Club Social y Deportivo Tres Acequias, reflexiona sobre el deporte como herramienta de inclusión, aprendizaje y construcción de comunidad.

Imagen generada con inteligencia artificial (ChatGPT / DALL·E, 2026).

En los pueblos del interior mendocino, los clubes sociales y deportivos cumplen una función que trasciende ampliamente la competencia. Son espacios de encuentro, formación y pertenencia, donde niños, niñas y adolescentes encuentran un ámbito de contención, construyen vínculos y aprenden valores que los acompañarán durante toda la vida.

Así lo sostiene Gustavo Pronotto, coordinador de fútbol y director técnico del Club Social y Deportivo Tres Acequias de Medrano, una localidad de la provincia de Mendoza compartida entre los departamentos Rivadavia y Junín. En diálogo con el Observatorio, Pronotto describe al deporte como una herramienta educativa capaz de transformar realidades: «Lo que buscamos es contener a la mayor cantidad de niños posible. Si esa contención es a través de un deporte grupal como el fútbol, bienvenido sea», resume.

Acaba de terminar el Mundial de Fútbol 2026 y se acercaron más chicos que de costumbre con el sueño de ser Messi, Paredes o, por qué no, el Dibu. El club reúne a niños y adolescentes de Medrano —ubicado entre los departamentos de Junín y Rivadavia, con la división marcada por la calle Tres Acequias— y de localidades cercanas como Los Árboles, Palmira y zonas rurales aledañas. Muchos llegan en bicicleta y otros realizan un importante esfuerzo familiar para asistir a los entrenamientos. Sin embargo, la premisa es clara: nadie queda afuera.

«El club está abierto para todos. No se le cierra la puerta a nadie», afirma Pronotto. Esa decisión responde a una convicción profunda: el deporte debe ser un derecho y una oportunidad de inclusión, independientemente de la situación económica de cada familia.

Mucho más que aprender a jugar

Para el entrenador, la formación deportiva comienza por la construcción de hábitos y valores.

«Queremos que aprendan el respeto, el compañerismo, el compromiso y el cuidado de los espacios comunes. Que entiendan que la camiseta no se tira al piso, que el vestuario se deja limpio y que todos forman parte de un mismo equipo», explica.

En ese proceso, los entrenadores también asumen un rol que muchas veces excede lo deportivo. Escuchan a los chicos cuando atraviesan dificultades personales, dialogan con las familias y acompañan situaciones vinculadas a la escuela, las amistades o los primeros conflictos propios de la adolescencia.

«Nos toca hablar con los padres cuando un chico tiene problemas en la escuela o simplemente escucharlos cuando están atravesando un momento difícil. El club también es eso», señala.

El ejemplo como herramienta educativa

Uno de los pilares del proyecto deportivo es que los jugadores de Primera División participen en la formación de las categorías infantiles.

La propuesta busca generar referentes cercanos para los más pequeños y fortalecer el sentido de pertenencia. «Los chicos quieren llegar a jugar en la Primera del club. Ver que quienes hoy representan esos colores también fueron niños del pueblo les demuestra que ese camino es posible», sostiene Pronotto.

En ese marco, algunas conductas son innegociables: el respeto hacia compañeros, rivales, árbitros y entrenadores, así como el acompañamiento positivo de las familias durante los partidos.

«No negociamos la mala conducta ni los gritos desde la tribuna. Esas situaciones se hablan y se trabajan porque también forman parte de la educación», afirma.

Un espacio que construye comunidad

Foto: Club Social y Deportivo Tres Acequias

El dirigente destaca que el deporte permite integrar a niños provenientes de distintos contextos sociales, generando vínculos donde las diferencias económicas pierden importancia.

«Si a un chico le quedaron botines chicos, esos botines son para quien los necesite. Acá pensamos en lo colectivo», explica.

Esa lógica solidaria también se refleja fuera de la cancha. Después de cada partido, los grupos continúan compartiendo tiempo juntos, fortaleciendo amistades que trascienden el entrenamiento y consolidan el tejido social de la comunidad.

El valor social de los clubes

Pronotto considera que los clubes de barrio son una pieza fundamental para el desarrollo de las infancias y adolescencias, especialmente en localidades alejadas de los grandes centros urbanos.

«Todos los grandes futbolistas comenzaron en un club de barrio. Desconocer esa realidad es no entender de dónde nacen los sueños y las oportunidades», sostiene.

Al mismo tiempo, plantea la necesidad de fortalecer las políticas públicas destinadas al deporte comunitario y de articular el crecimiento educativo con el desarrollo deportivo en todo el territorio provincial.

«Así como crecieron las oportunidades educativas en el Este provincial, también necesitamos que el deporte acompañe ese crecimiento. Los clubes cumplen una función social enorme y merecen ser fortalecidos.»

Lejos de medir el éxito únicamente por la aparición de futuros jugadores profesionales, Pronotto resume el verdadero objetivo del trabajo cotidiano: «Si además de formar futbolistas logramos formar buenas personas, entonces el esfuerzo habrá valido la pena.»

Por Laura Fiochetta | ONAF| 30 de julio de 2026

Nota de redacción: El presente texto fue revisado y editado con apoyo de herramientas de inteligencia artificial (ChatGPT, desarrollado por OpenAI).

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