Hugo Lupiañez: “El Observatorio tiene una potencialidad extraordinaria para la investigación, la docencia y la extensión”

El decano de la Facultad de Psicología de la Universidad del Aconcagua repasa cómo nació el ONAF en el contexto de la Licenciatura en Niñez, Adolescencia y Familia y analiza el lugar que ocupa hoy como productor de conocimiento dentro de la universidad.

Hay instituciones que se explican por sus documentos fundacionales y otras que se comprenden mejor a través de las historias de quienes las hicieron posibles. La Licenciatura en Niñez, Adolescencia y Familia y el Observatorio de Niñez, Adolescencia y Familia (ONAF) de la Universidad del Aconcagua pertenecen a ese segundo grupo.

Hugo Alberto Lupiañez, magíster en Criminología, especialista en psicología jurídica y decano de la Facultad de Psicología desde 1984, fue protagonista de ambos procesos. A 14 años de la creación del Observatorio, en octubre de 2012, conversamos con él sobre los orígenes de la carrera, los primeros relevamientos sobre derechos de la niñez en Mendoza y los desafíos de producir datos confiables desde la universidad.

Una carrera que nació de una ley

¿Cómo surgió la carrera que hoy conocemos como Licenciatura en Niñez, Adolescencia y Familia?

La carrera surge como respuesta a una inquietud muy concreta: la sanción de la primera ley provincial que regulaba la atención de niñas, niños y adolescentes en Mendoza. Uno de sus artículos exigía una formación específica para todo el personal que trabajaba en el área, y la Facultad asumió el desafío de diseñar una propuesta académica que respondiera a esa necesidad.

Así nació, a mediados de los años noventa, una tecnicatura financiada por el Gobierno de la provincia, con el objetivo de capacitar a quienes ya se desempeñaban en el área. Hace poco celebramos sus 30 años.

¿Cómo se dio el paso de la tecnicatura a la licenciatura?

Cuando esas personas terminaron la tecnicatura, empezaron a plantear la inquietud de continuar con una licenciatura. Muchas tenían estudios secundarios y otras no. Más adelante, la Ley de Educación Superior, en su artículo 7, habilitó el ingreso de personas mayores sin título secundario, pero en ese primer momento la licenciatura exigía ese nivel. Nos pusimos a trabajar y la presentamos.

En esa primera cohorte se incorporaron también alrededor de 16 personas beneficiarias del plan Jefes y Jefas de Hogar. Eso era lo interesante: la carrera respondía a una necesidad de formación de personas de todos los niveles.

Una universidad que sostuvo a sus estudiantes

¿Qué ocurrió con ese grupo de estudiantes?

El plan exigía una contraprestación y muchas personas eligieron cumplirla cursando la carrera, pero al principio no se reconocía porque éramos una universidad privada: todavía estaba muy presente la disputa entre la formación pública y la privada. Finalmente se autorizó que el cursado se considerara como la contraprestación que exigía el beneficio.

Eso duró un año. Al segundo año se interrumpió el pago, y la universidad se hizo cargo de que terminaran quienes seguían. Se recibieron siete u ocho personas, que cursaron el último año con una beca del 100 % otorgada por la universidad. Hoy muchas de ellas trabajan en el área con muchísima eficiencia y compromiso.

Hacia la protección integral de derechos

A partir de entonces, la carrera siguió transformándose…

Sí, la licenciatura ya caminaba sola. Muchas personas que tenían la tecnicatura querían obtener la licenciatura, así que abrimos un ciclo de complementación curricular que funcionó en paralelo.

Con la sanción de la ley de protección integral de los derechos de niñas, niños y adolescentes se modificó la terminología y también el nombre de la carrera, que pasó a llamarse Licenciatura en Niñez, Adolescencia y Familia; la mirada sobre la familia fue un agregado nuestro. Después, por la demanda que llegaba desde distintas provincias, se convirtió en una licenciatura a distancia,. La matrícula fue creciendo año a año.

La carrera ha demostrado ser de muchísima utilidad. Hoy cuenta con una ley de ejercicio profesional y está en trámite la ley de carrera.

Los antecedentes del Observatorio

¿Cómo surge el Observatorio?

Con la creación de la carrera surgió dentro de la Facultad de Psicología toda una preocupación por el tema. Una vez sancionada la ley de protección integral, apareció también la inquietud por conocer qué pasaba con la vulneración de derechos de niñas y niños en Mendoza.

El doctor Jorge Chala, pediatra y profesor de la Facultad, se ocupó muchísimo de la niñez en la provincia y siempre tuvo la inquietud de conocer qué pasaba realmente. Conformó un equipo dentro de la Facultad que, por motivación propia, con medios propios y con el aporte de la universidad, pero sin ninguna ayuda del Estado, realizaba un relevamiento del cumplimiento de los derechos de niñas y niños en toda la provincia.

Con esa información se elaboraba un informe que luego se encuadernaba. Cada fin de año se organizaba una jornada para entregarlo formalmente al gobernador, con el fin de que se utilizara en la toma de decisiones de política pública para las infancias.

¿Cómo se pasó de ese informe anual a un observatorio?

Posteriormente, la magíster Hilda Fadín tomó esa inquietud, con una mirada más amplia y más general, y empezó a plantear la creación de un observatorio a partir de esos antecedentes.

Al principio fue una idea que se apoyaba en ese trabajo previo. Después fue creciendo y, en la medida en que crecía, fue modificando la forma de obtener la información y también la forma de publicarla, para que fuera actualizada, permanente y de mucha utilidad.

Por qué un observatorio universitario

¿Qué aporta que el Observatorio funcione dentro de una universidad?

Tiene mucho que ver. La universidad ofrece una garantía para evitar tendencias o sesgos políticos. El conocimiento que produce la universidad tiene que tener base científica, pero además tiene que estar exento de sesgos, ya sean políticos o ideológicos.

Del papel al dato dinámico

¿Cómo cambió la forma de trabajar con los datos?

En los inicios se trataba de recolectar y publicar datos, sin la tecnología con la que hoy cuenta el Observatorio. Era la impresión, el papel y también la inmovilidad del dato: una vez plasmado, no se sabía qué ocurría con su dinámica durante el año. Servía, porque no había nada más.

Hoy la modalidad es totalmente distinta. El dato puede verse más actualizado y contrastarse con el de otras provincias, dependiendo siempre de las fuentes que se utilicen. Además, se sumaron entrevistas y notas de especialistas, que le dan al Observatorio una jerarquía en los contendidos que produce.Y actualmente trabajamos en un nuevo proyecto para que el Observatorio se inserte en todas las carreras de la Facultad de Psicología, de modo que los datos y las notas que produce formen parte de la vida académica.

Un instrumento para producir conocimiento

¿Qué lugar ocupa hoy el Observatorio en la producción de conocimiento?

Una de las funciones de la universidad es producir conocimiento. La forma más directa es a través de los institutos de investigación y de las investigaciones que se realizan en la universidad. Pero este modo de funcionar del Observatorio también produce conocimiento, porque permite el entrecruzamiento de variables, su comparación, analizar la dependencia entre ellas y sacar conclusiones.

Algunas de esas conclusiones las elabora el propio Observatorio, otras puede construirlas quien consulta su sitio, y hay temas que ya llegan trabajados por el equipo. A mi criterio, el Observatorio está hoy en un nivel de madurez y de producción que ayuda muchísimo a elaborar, chequear y cruzar información, lo que también lo convierte en un instrumento valiosísimo para la investigación.

A 14 años de su creación, ¿qué balance hace del recorrido del Observatorio?

Creo que debe ser el único observatorio que trabaja con estas características, al menos en Mendoza y que yo conozca. Veo que su futuro es muy bueno y, unido al quehacer académico, tiene una potencialidad extraordinaria para la investigación, la docencia y la extensión.

Por ONAF | 21 de Octubre de 2026.

Nota de redacción: la transcripción de la entrevista y la edición del texto se realizaron con apoyo de herramientas de inteligencia artificial  (Claude, desarrollado por Anthropic).