En diálogo con el Observatorio de Niñez, Adolescencia y Familia, la Dra. Rosana Rodríguez (1) analizó los avances y desafíos del movimiento Ni Una Menos. Advirtió sobre el recrudecimiento de las violencias de género, las dificultades en el acceso a la justicia y el contexto de discursos que cuestionan las demandas feministas.

El presente de Ni Una Menos
El 3 de junio de 2015 marcó un antes y un después en la historia reciente de la Argentina. Ese día, cientos de miles de personas salieron a las calles en todo el país bajo una consigna tan simple como contundente: Ni Una Menos.
El reclamo surgió frente al incremento de los femicidios y la violencia machista, pero rápidamente se transformó en uno de los movimientos sociales más importantes de América Latina y en un símbolo global de la lucha por los derechos de las mujeres y las diversidades.
La movilización tuvo como detonante una serie de crímenes que conmocionaron a la sociedad argentina. Entre ellos, el asesinato de la adolescente Chiara Páez, de 14 años, en la provincia de Santa Fe. Su muerte generó una profunda indignación y volvió a poner en agenda una problemática que desde hacía años era denunciada por organizaciones feministas: la violencia de género y la falta de respuestas efectivas por parte del Estado.
La convocatoria nació a través de las redes sociales, impulsada por periodistas, escritoras, artistas y activistas que decidieron transformar la indignación en acción colectiva. Lo que comenzó como una consigna en internet se convirtió en una movilización masiva que reunió a miles de personas en plazas y calles de todo el país.
Desde entonces, Ni Una Menos dejó de ser únicamente una protesta para convertirse en un movimiento social con capacidad de instalar debates, impulsar cambios legislativos y modificar prácticas culturales profundamente arraigadas. El lema original, centrado en la exigencia de poner fin a los femicidios, fue ampliándose para incluir otras demandas vinculadas con la igualdad de género, la autonomía económica de las mujeres, los derechos sexuales y reproductivos, la distribución de las tareas de cuidado y la erradicación de todas las formas de violencia.
Ni Una Menos hoy
La académica y profesora titular de Sociología de la Facultad de Psicología de la Universidad del Aconcagua, Dra. Rosana Rodríguez, evaluó en diálogo con el Observatorio de Niñez, Adolescencia y Familia la situación actual del movimiento.
«Ni Una Menos fue un punto de inflexión para la visibilización de una problemática que existía, pero que no había alcanzado la visibilidad que logró a partir de las alianzas estratégicas que hicieron posible la constitución de este movimiento. Hoy nos encontramos, a once años de sus comienzos, ante una escalada de violencia. Lo vimos con los femicidios de Agostina Vega, en Córdoba, y de Dulce, en Misiones, donde el acceso a la justicia sigue siendo una deuda», sostuvo.
Además, mencionó situaciones que reflejan lo que denomina una «pedagogía de la violación», como el caso de Gisèle Pelicot, la mujer francesa que denunció públicamente el abuso sistemático que sufrió durante casi una década por parte de su exesposo, Dominique Pelicot. A lo largo de esos años fue drogada y violada por decenas de hombres mientras él registraba las agresiones. En 2024, el caso derivó en un juicio histórico que concluyó con la condena de 51 hombres.
«Se trata de una pedagogía de la violación, donde algunos hombres ejercen niveles de violencia jamás imaginados. Estas nuevas formas de violencia también se intensifican a través de las redes sociales, donde se expresa un odio infinito hacia las mujeres y, especialmente, hacia las feministas. Son discursos alentados por sectores de ultraderecha», afirmó Rodríguez.
La docente señaló que este escenario puede describirse como una «intensificación de las violencias», caracterizada por el incremento de discursos de odio hacia las mujeres y las diversidades.
Asimismo, se refirió al debate público en torno a las llamadas «falsas denuncias», presente tanto en la agenda mediática como en distintos proyectos legislativos.
«Como señala Miriam Bregman, mientras los poderosos del planeta cometen crímenes de lesa humanidad, se instala la idea de que las falsas denuncias constituyen un fenómeno grave, como si las mujeres denunciaran masivamente de manera falsa a los varones por violencia de género. A esto se suma un discurso que busca descalificar al feminismo», sostuvo.
En ese sentido, agregó:
«Los datos de organismos internacionales como Naciones Unidas indican que las falsas denuncias representan menos del 1 % del total de las acusaciones».
Rodríguez también retomó los aportes de las investigadoras Verónica Gago y Luci Cavallero.
«Ellas hablan de una restauración patriarcal, donde se sospecha permanentemente de las mujeres. Y eso también se observa en el sistema judicial».
Por último, destacó la importancia de recuperar una categoría que vuelve a cobrar relevancia en el contexto actual.
«Las feministas ya no hablamos solamente de femicidios, sino nuevamente de feminicidios, porque buscamos poner el énfasis en la responsabilidad del Estado frente a muertes que sabemos que son prevenibles».
Y concluyó:
«Los datos son escalofriantes: el 45 % de las mujeres ha sufrido algún tipo de violencia y el 77 % no ha realizado una denuncia porque no supo cómo hacerlo o porque no pudo acceder a la justicia. Esto demuestra que seguimos teniendo una deuda enorme en materia de acceso a derechos».
Ni Una Menos hacia el futuro
Uno de los principales logros del movimiento fue visibilizar una problemática que durante décadas permaneció naturalizada o invisibilizada. Las cifras de femicidios comenzaron a ocupar un lugar central en la agenda pública y los medios de comunicación incorporaron progresivamente una perspectiva de género en el tratamiento de estos casos.
Asimismo, aumentó la conciencia social sobre situaciones de violencia psicológica, económica, simbólica y sexual que muchas veces no eran identificadas como tales.
La irrupción de Ni Una Menos también impulsó importantes transformaciones institucionales. En los años posteriores se fortalecieron áreas estatales dedicadas a las políticas de género, se promovieron protocolos de actuación frente a situaciones de violencia y se avanzó en programas de asistencia y acompañamiento para víctimas.
Aunque los desafíos siguen siendo enormes, el movimiento logró instalar la necesidad de que el Estado asuma un rol activo en la prevención y atención de estas problemáticas.
El impacto trascendió las fronteras argentinas. La consigna fue adoptada en diversos países de América Latina, donde las organizaciones feministas enfrentaban realidades similares. En Chile, Perú, México, Uruguay y otros países se realizaron movilizaciones inspiradas en la experiencia argentina.
De esta manera, Ni Una Menos se transformó en una referencia regional para la lucha contra la violencia de género y los femicidios.
A once años de aquella primera movilización, el balance muestra avances significativos en términos de visibilidad, conciencia social y reconocimiento de derechos. Sin embargo, las organizaciones advierten que la violencia de género continúa siendo una problemática estructural.
Los femicidios siguen ocurriendo y persisten desafíos vinculados con el acceso a la justicia, la prevención y la implementación efectiva de políticas públicas.
Por eso, cada 3 de junio la consigna vuelve a resonar en calles, escuelas, universidades, sindicatos y organizaciones sociales.
Más que un lema, Ni Una Menos se convirtió en una expresión colectiva que interpela a toda la sociedad y recuerda que la lucha por una vida libre de violencias sigue siendo una deuda pendiente.
(1) Rosana Paula Rodríguez es socióloga feminista por la Universidad Nacional de Cuyo (Argentina), Magíster y Doctora en Investigaciones Feministas por la Universidad Pablo de Olavide (España). Es Profesora Titular Efectiva de Metodología para la Investigación en Ciencia Política en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo, profesora de Problemática de Género y Diversidad en la Universidad del Aconcagua profesora e integrante del Comité Académico de la Maestría en Estudios Feministas (MEF-UNCuyo).
Por Laura Fiochetta | ONAF| 18 de junio de 2026
Nota de redacción: El presente texto fue revisado y editado con apoyo de herramientas de inteligencia artificial (ChatGPT, desarrollado por OpenAI).
